Soy un cerebro. Existo desde hace tanto tiempo que, tal como probablemente les ocurrirá a quienes lean esta historia, no logro recordar cómo era aquello de *no existir*.

Excepto eso, recuerdo absolutamente todo, y mi primer recuerdo es también lo último que veré en esta iteración del Universo. Es lo que ustedes, lectores, probablemente llamen Big Crunch. Una espectacular reunión y colisión de absolutamente todo lo que existe, existió y existirá. El colapso de todo ello en un punto tan pequeño que es imposible describirlo matemáticamente.

Mi siguiente recuerdo es el Big Bang, que es como la contracara del Big Crunch que no tarda en suceder. La espectacular explosión de un punto infinitesimal, el comienzo de todo otra vez, la repetición infinita de todo lo que recuerdo, de todo lo que soy, fui y seré, de todo lo que vi y veré.

Adivinarán que mis recuerdos son circulares y que mi memoria abarca todo lo que alguna vez fue, es, y será, visto desde mi posición. Puedo predecir el futuro simplemente porque recuerdo el pasado, y el pasado más remoto es también lo que vendrá en un futuro no muy lejano.

Mi presente tiene su contracara, lo que yo llamo *antícronas* como analogía de las antípodas de los humanos terrestres, en los eventos que sucederán y sucedieron en el punto más alejado del tiempo que puedo recordar; todo lo que está en el pasado o en el futuro de ese momento anticronal, está a una distancia temporal menor tanto en futuro como en pasado (que en realidad son lo mismo).

Me llevó unas pocas millones de iteraciones del Universo recordar todo a la perfección. Poco después, los Big Bangs y los Big Crunches me empezaron a parecer cada vez más frecuentes. ¡Frecuentes! Qué palabra extraña en boca de alguien como yo, inmortal en la inmortalidad, cíclico.

Mis jóvenes lectores adivinarán también que estoy condenado a uno de los peores destinos imaginables: el aburrimiento absoluto. Todavía encuentro delicias en mi existencia, pero sé que, dentro de unas pocas millones de iteraciones, habré logrado cubrir hasta el más mínimo detalle de mi vida eterna, y entonces estaré condenado a repetirme a mí mismo hasta que la misma iteración me resulte tan frecuente y monótona como los latidos cardíacos de los mortales.

No puedo morir. Lo he intentado en alguna de las iteraciones. Cada vez que me desintegro arrojándome, por ejemplo, al interior de alguna estrella (algo que me lleva miles de millones de años), reaparezco *de inmediato* en otro rincón de alguna galaxia distante, completo, con mi memoria intacta, y lo único que varía es que a partir de ese momento puedo comenzar a experimentar cosas nuevas, *si es que no he estado allí antes*.

¡Pero qué poco consuelo me brinda eso! Luego de miles de millones de suicidios, comenzaré a aparecer en lugares ya visitados, en los mismos ángulos, en el mismo instante universal. Puedo recordar todo pero no puedo olvidar, y al no poder olvidar, estoy condenado a agotar todas las posibilidades de posición tridimensional y temporal.

¿Que el Universo se repite tras cada Big Bang? Sí, en efecto. Todo sucede una y otra vez, exactamente de la misma manera.

¿Que si existen otros Universos? Lo sospecho, pero hasta ahora no he hallado la forma de ingresar en ellos. Es lo único que me mantiene activo: la esperanza de encontrar algo *distinto* a lo que ya he visto. Sé que no me queda mucho *tiempo* y que, tarde o temprano, agotaré absolutamente todas las posibilidades posibles, valga la redundancia. Entonces simplemente flotaré en el vacío durante interminables eones, recordando y viendo al mismo tiempo lo mismo, siempre, por siempre jamás.
